[Columna] El Grupo del Puebla. La hora del progresismo

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Por Mauricio Jaramillo Jassir @mauricio181212

La crisis económica de 2008 y aquellas que emergieron con posterioridad desnudaron las contradicciones insalvables de sistemas económicos basados en desequilibrios, acumulación y altas dosis de especulación. Hace unos años, apareció el estudio de Thomas Piketty sobre la concentración en el mundo, desmontando la idea generalmente atribuida a Simon Kuznets de que, la acumulación se expandiría por inercia reduciendo la pobreza. Según el cálculo del francés, el 10% de la población más rica tiene el 50% del total de la riqueza. A comienzos de 2020, Oxfam presentó un panorama escandaloso al señalar que poco más de 2100 multimillonarios en el mundo poseían cerca del 60% del total de la riqueza global. América Latina no escapa a esta lógica, pues el 20% más próspero concentra el 83% del total de los ingresos, reflejo de una frase repetida hasta la saciedad, pero cuya relevancia permanece intacta: se trata en términos promédiales de la región más desigual del mundo. Esta inequidad es incompatible con el carácter igualitario de la democracia moderna.

La aparición del coronavirus no es un fenómeno netamente político y lejos de representar una oportunidad para el fortalecimiento de regímenes autoritarios-se trata de una tendencia anterior al virus-, puede ser una coyuntura favorable para la redimensión del progresismo y la puesta en duda de la infalibilidad del libre mercado. Este progresismo alejado de los dogmas del marxismo-leninsimo, del que toma en cuenta elementos, ha entendido la necesaria heterogeneidad de las demandas para incluir temas ambientales, los derechos de grupo y un pluralismo en sintonía con las nuevas identidades sociales.

El Grupo de Puebla viene consolidándose como un espacio de discusión de políticos, intelectuales e independientes y como plataforma progresista de los latinoamericanos. El Grupo puede rescatar los espacios de concertación regional que algunos gobiernos han abandonado en los últimos años y que no pueden ser monopolio estatal. La congelación de la CELAC y la denuncia del tratado de UNASUR por algunos Estados han sido retrocesos, pues clausuraron escenarios de diálogo político indispensables en medio de la crisis sanitaria actual y de cara a las que aun persisten y las futuras. Con un panorama sombrío en términos de regionalización, un nacionalismo envalentonado y economías en marcada desaceleración, el progresismo que promueve el Grupo de Puebla representa una propuesta viable que reconcilie la descreditada política con la ciudadanía.

Fuente: Ernesto Samper Pizaño

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